C.B. BURRIANA Infantil A M 19 — CB Benicarló A I.M.

Advierto: ¡Esto no es periodismo! En otra época cobraba por ello y ser o no ser, estar o no estar amenazado, dependía directamente de con quién te metías. Ningún redactor jefe me aconsejó jamás cambiar una palabra. Era otra época, diría que había libertad de expresión. Hoy también la hay, en Instagram, pero no cobras a no ser que seas del partido.

Y hablando de partidos, hablemos de baloncesto, que para eso estamos. El sábado vi en tele deporte el Ciudad de la Laguna Tenerife vs Lointek Gernika Bizkaia, de la liga femenina Endesa. Más allá de sentirme orgulloso por el esfuerzo de los medios en dar presencia a deportes que no deriven de dar puntapiés a un esférico, lo hice por partida doble por tratarse de baloncesto y femenino. Esto me forzó a pensar irremediablemente en cual es la condición que determina el auge de un deporte en una ciudad, municipio, localidad o capital que se precie. Hubiera sido muy facilón responderme: “la política”, ¡pues una polla! Si bien ha habido grandes personas que por su cargo han podido favorecer la práctica de una determinada especialidad, no hay que olvidar que en una pequeña ciudad lo que le das a uno se lo quitas a otro. Y si eres equitativo, resuelves en pro de una merma de participantes en cada disciplina y al final se te pudre el tartán de la pista de atletismo o el velódromo se te cae a cachos.

No hablo de recursos económicos, entiéndaseme. Quizá los benicarlandos a parte de 200.000 € de presupuesto tienen escuela y tradición, a parte de conectar con la masa social que provee de mucha sangre nueva. Tal vez por eso están en LEB Plata, la tercera categoría nacional. Esto fideliza casi 500 socios que se convierten en casi 800 asistentes por partido en la categoría máxima. Esto hace baloncesto señoras y señores. Claro, todo este rollo para acabar en otra reflexión, ¿cómo puede un municipio como Benicarló, con menos habitantes que Burriana, tener esa cantera? Y ahora tocarían preguntas abiertas, pero eso lo dejaré a elección del lector o lectora que caiga en esta crónica de ir por casa.

El caso es que se han enfrentado los dos máximos exponentes del baloncesto infantil masculino de cada ciudad y solo hemos podido sujetar a los del norte los dos primeros cuartos. Claro, ellos venían a ganar, nosotros a jugar y ahí entran mil sutilezas que pueden ser pulidas a nivel técnico o con mayor carga física, pero nunca seremos más guapos ni más altos. Y aquí es cuando abrimos el saco de la realidad y hacemos lo que podemos con lo que tenemos. Hoy lunes hay entrenamiento y son los propios jugadores los que deberían pedir líneas, pero no de pase, de fuego si es menester, y suplicarle al entrenador, que tiene recursos sobrados, que ellos quieren jugar mejor. Actitud y esfuerzo chicos, perder la ilusión ni siquiera es una opción.

En cifras: marcador cerrado tras 21 puntos conseguidos en el primer tercio de partido, a pesar del intenso marcaje del rival. Un Benicarló que se las sabe todas, con actitud incluso antes del salto inicial, con ganas, con fuerza, cargándose de faltas en el primer cuarto para intimidar. Pero es lícito y por tanto, felicidades. De esto nuestros chicos aprenderán y eso es motivo de agradecimiento, sin olvidar que estamos aquí por méritos propios, sin olvidar que el mundo es redondo y el que no espabila se cae al fondo.